Praga, la bohemia ciudad de las cien torres

Praga, la bohemia capital de las cien torres

Praga, capital de la centroeuropea región de Bohemia y de la República Checa, es una bella e histórica ciudad a orillas del río Vltava (o Moldava, en castellano). Es conocida por los checos como «Zlatá Praha» (o «Praga dorada»), por el característico brillo de la piedra con la que están construidos muchos de sus edificios al atardecer; e internacionalmente como «la ciudad de las cien torres» (aunque el recuento oficial supera considerablemente esa cifra), por estar repleta de templos, fortificaciones y multitud de miradores desde los que poder contemplar su atractivo y peculiar skyline.

PRAGA, LA BOHEMIA CIUDAD DE LAS CIEN TORRES

Praga es sin duda muy turística, sin embargo, sus visitantes habitualmente cometen el error de dedicarle menos tiempo del que merece (incluyendo en el mismo viaje, con frecuencia, otras ciudades que también requieren más protagonismo, como Viena o Budapest). Es recurrente que, por ello, se les haga corta la estancia y deseen volver.

En este artículo, además de algunas pinceladas sobre su historia, en primer lugar, encontraréis lo indispensable para conocerla aquellos que queráis cometer ese mismo error. Después, podréis encontrar información que puede interesar a los que queráis pasar allí más de 2 o 3 días; por ejemplo, sus ofertas culturales o gastronómicas, así como algunas excursiones por los alrededores (serviros del índice ubicado más arriba).

LA PRAGA IMPRESCINDIBLE

El casco antiguo de Praga está formado por cinco antiguas ciudades que hoy conforman el distrito de Praha 1: en el lado este del río, Staré Město (o Ciudad Vieja), Nové Město (o Ciudad Nueva) y Josefov; en el oeste, Hradčany y Malá Straná.

Praha 1, dividido por el Vltava.

Entre las cinco cuentan con la mayor parte de los atractivos de la ciudad; por eso, si equivocadamente se elige pasar allí poco tiempo, conviene centrarse en ellas y dejar el resto para los inevitables regresos. Para ello, puede ser útil recurrir a uno de sus itinerarios más recomendados, que es verdaderamente una ruta imprescindible: el Camino Real.

EL CAMINO REAL

Se llama así porque se corresponde con el recorrido que hicieron cuatro monarcas durante el día de su coronación; el primero, el rey husita Jiří z Poděbrad, allá por el año 1458, y el último, Ferdinand V, en 1836.

Puente de Carlos IV, con el castillo de Praga al fondo.

Se trata de un paseo agradable que comienza en la Plaza de la República, donde se situó el antiguo palacio sede de la Corte Real desde 1383 hasta 1485; que pasa por algunos de los lugares más emblemáticos de la ciudad, como la Plaza de la Ciudad Vieja o el Puente de Carlos IV; y que termina en el castillo de Praga:

1. Obecní dům (o Casa municipal)

En la primera parada de esta ruta, Náměstí Republiky (o Plaza de la República), encontramos la Casa municipal (inaugurada en 1911 en el mismo emplazamiento del citado palacio y escenario de la proclamación del estado checoslovaco en 1918).

Obecní dům (o Casa Municipal). Fotografía de Arzu Fernández Andrés.

Es un centro cultural que contiene salas de exposiciones y conferencias, cafés y restaurantes, y un hermoso auditorio, el Smetanova síň (o Sala Smetana), que es la principal sala de conciertos de la ciudad.

Smetanova síň (o Sala Smetana).

De su interior, son destacables las pinturas murales de la Sala de Alcaldes, obra de Alfons Mucha:

De su exterior, el «Homenaje a Praga», un enorme mosaico de Karel Špillar que corona la fachada principal:

«Homenaje a Praga», de Karel Špillar. Fotografía de Álvaro Horcajuelo.

El edificio es sin duda uno de los más bellos ejemplos modernistas de la arquitectura europea; pide a gritos ser fotografiado.

2. Prašná brána (o Puerta de la Pólvora)

Adyacente a la Casa municipal está la gótica Torre de la Pólvora, uno de los 13 accesos que tenía Staré Město (o Ciudad Vieja), que debe su nombre al arsenal que contuvo durante el siglo XVII.

Prašná brána (o Puerta de la Pólvora).

La torre sirve de puerta de entrada a la calle Celetná que, como gran parte de la Ciudad Vieja, hoy en día está cerrada al tráfico rodado, a excepción de las calesas. La calle, además de albergar bonitas fachadas de estilos barroco y rococó, y continuando con su centenaria tradición comercial, actualmente está plagada de tiendas de típicos souvenirs; desde las tradicionales marionetas o el valorado cristal de Bohemia hasta la más reciente invasión de matrioskas rusas.

Casa de la Madona Negra. Fotografía de Warren LeMay.

En sus proximidades se encuentra Dům U Černé Matky Boží (o Casa de la Madona Negra), que aloja el Museo checo de Cubismo. La propia edificación es de estilo cubista.

3. Staroměstské náměstí (o Plaza de la Ciudad Vieja)

Continuando por la calle Celetná, este itinerario indispensable lleva hasta la Plaza de la Ciudad Vieja, que es para quien escribe uno de los lugares más especiales del mundo.

Staroměstské náměstí, con el antiguo ayuntamiento y la Iglesia de San Nicolás al fondo. Fotografía de Arzu Fernández Andrés.

Cuenta con numerosos atractivos, como museos y galerías de arte, monumentos, palacetes e iglesias, además de un buen número de pintorescos edificios de variopintos estilos arquitectónicos (románico, gótico, barroco, rococó o art nouveau, entre otros).

Vista desde el mirador del antiguo ayuntamiento. Fotografía de Arzu Fernández Andrés.

Muchos de ellos están soportalados, y algunas de sus fachadas cuentan, gracias a sus pinturas, escudos, relieves o estatuas, parte de la historia de la ciudad y de la nación checa.

Monumento a Jan Hus. Fotografía de Álvaro Horcajuelo.

En la plaza también hay diversos bares y restaurantes, con mala relación calidad precio, claro, como en todos los lugares hiper turísticos, pero que es idónea la ubicación de sus terrazas es innegable.

Plaza de la Ciudad Vieja, al atardecer.

Es habitual poder disfrutar allí de conciertos al aire libre, así como de las actuaciones de artístas callejeros. También suelen instalar mercados de artesanía, gastronómicos o de hornamentos, particularmente en fechas navideñas. E incluso es posible toparse con alguna manifestación o concentración política.

Músicos en Staroměstské náměstí. Fotografía de Arzu Fernández Andrés.

En los meses de frío es aconsejable pedir para llevar, en uno de sus puestos permanentes, un vinito caliente con especias; y en cualquier época del año es muy recomendable probar uno de los dulces típicos, que elaboran en el momento y se llama trdlo.

Trdlo.

Como curiosidad, entre el empedrado se halla una placa que constata la ubicación de Staroměstské náměstí sobre el Meridiano de Praga. En ella se puede leer, tanto en checo como en latín: “Meridiano según el cual el tiempo en Praga fue determinado”.

Meridiano de Praga. Fotografía de Ludek

No obstante, el mayor de los atractivos del lugar es el que nos recuerda el más popular de los sobrenombres de la capital checa, ese que hace referencia a sus torres.

Nuestra Señora de Týn sobre Staroměstské náměstí. Fotografía de Álvaro Horcajuelo.

No en vano, sobre un lado de la plaza se elevan los dos majestuosos pináculos de la oscura y gótica iglesia de Nuestra Señora de Týn.

Torre del antiguo ayuntamiento con Týn al fondo. Fotografía de Arzu Fernández Andrés.

Y también, enfrentada a ésta, se alza la imponente torre del antiguo ayuntamiento, eclipsando la Plaza de la Ciudad Vieja con su alargada sombra en horas vespertinas.

4. Staroměstská radnice (o Ayuntamiento de la Ciudad Vieja)

Los inicios del ayuntamiento de la Ciudad Vieja se remontan al siglo XIV, pero todo el conjunto arquitectónico que lo constituye ha sufrido cuantiosas modificaciones a lo largo de la historia; además de una relativamente reciente y exhaustiva restauración tras sufrir importantes daños a manos de los nazis en 1945.

Está compuesto por diferentes edificios de estilos gótico y renacentista, una capilla y la mencionada torre. De ésta, lo más llamativo es su famoso Orloj (o reloj astronómico), una verdadera joya.

Mensario. Fotografía de Álvaro Horcajuelo.

Está formado por dos esferas; en la de abajo un mensario y en la de arriba el reloj propiamente dicho. Éste reproduce las órbitas del Sol y de la Luna alrededor de la Tierra; da la hora actual, pero también la hora antigua de Bohemia y la hora babilónica; y cada hora en punto, su mayor atractivo, activa su sistema de autómatas: un esqueleto que simboliza la Muerte marca el inicio del desfile de 11 apóstoles y San Pablo, mientras se mueven otras figuras que representan la Vanidad o la Avaricia, hasta que un gallo canta y el reloj marca la hora.

Reloj astronómico de Praga. Fotografía de Álvaro Horcajuelo.

Dura menos de un minuto, por lo que para verlo hay que ser muy puntual; o mejor, llegar un poco antes, pues se congrega mucha gente.

Nuestra Señora de Týn desde el mirador de la torre. Fotografía de Álvaro Horcajuelo.

Es francamente aconsejable subir al mirador, desde donde se puede contemplar una de las mejores panorámicas, a 60 m. de altura, de “la ciudad de las cien torres”.

5. Karlův most (o Puente de Carlos)

El recorrido por el Camino Real prosigue por la estrecha y sinuosa calle Karlova que, como sus aledañas, conserva el trazado medieval. También es peatonal, conserva fachadas de época renacentista, y está repleta de tiendas donde poder adquirir recuerdos del viaje.

Iglesia de San Salvador en el Klementinum. Fotografía de Brabcaak

Además, allí se halla el Klementinum, un gigante complejo arquitectónico que a lo largo de mil años ha contenido un monasterio dominico, un colegio jesuíta, un observatorio, un registro meteorológico, una universidad, tres iglesias y, actualmente, la Biblioteca Nacional.

Biblioteca Barroca en el Klementinum. Fotografía de BrunoDelzant

La calle lleva hasta el río, concretamente hasta el más antiguo y célebre de los puentes que lo cruzan, el Puente de Carlos IV. Se llama así desde hace 150 años por ser construido durante el mandato del rey Karel I de Bohemia y IV de Alemania (emperador del Sacro Imperio Romano Germánico hace más de seis siglos); aunque éste no lo vio terminado. Antes era conocido como Puente de Piedra o Puente de Praga.

Puente de Carlos IV.

Para acceder al puente hay que atravesar la puerta bajo otra de las torres tan características de la capital checa, en este caso, Staroměstská mostecká věž (o Torre del Puente de la Ciudad Vieja). Edificada durante el mandato de Václav IV, hijo de Karel IV, es uno de los más reputados ejemplos de arquitectura gótica.

Torre del Puente de la Ciudad Vieja. Fotografía de Andrés Nieto Porras

Karlův most sirve para conectar Staré Město con el barrio de Malá Straná; y durante mucho tiempo significó un importante enlace comercial entre las partes occidental y oriental del continente.

Puentes sobre el río Moldava.

Transitar (fuera de hora punta) su más de medio kilómetro de longitud, flanquedado por 30 estatuas (todas ellas réplicas de las originales que se pueden ver en el Museo Nacional), resulta muy apacible.

Puente de Carlos, con el castillo al fondo.

Y no sólo por el ambiente bohemio que acompaña, gracias a músicos, pintores o artesanos; también por las exquisitas vistas de las riberas del Vltava. Desde ahí, entre otras cosas como el Parque Petřín o el Teatro Nacional, se contempla una preciosa estampa del castillo.

6. De Kampa a Hradčany

Antes de concluir el paseo por el puente, unas escaleras permiten bajar a la Isla de Kampa, ya en Malá Strana. Esta isla está rodeada por un brazo del río llamado Zanja del diablo (aunque la zona es conocida popularmente como «la Venecia de Praga», al accederse a algunas casas desde pequeños embarcaderos), donde se conserva la rueda del antiguo molino de madera del Gran Prior, en funcionamiento tras ser restaurado.

«La Venecia de Praga».

Kampa es además uno de los mejores lugares donde embarcar para hacer un recorrido por el Vltava. Sé que suena muy tópico, pero la capital checa es una de las ciudades en las que verdaderamente resulta una buena excursión.

Vista del Moldava desde Kampa. Fotografía de Álvaro Horcajuelo.

De vuelta al puente, para salir por el otro extremo, y así continuar este recorrido imprescindible por la ciudad de las cien torres, como no podía ser de otra manera, hay que pasar bajo un arco que une otras dos bellas torres más.

Acceso al puente desde Malá Strana, con la iglesia de San Nicolás detrás y la catedral de San Vito al fondo.

Después, bordeando la gran iglesia de San Nicolás, de estilo barroco, en la plaza Malostranské, se comienza la subida por la calle Nerudova (dedicada al renombrado poeta local Jan Neruda) hacia Hradčany; que era otra antigua ciudad, fundada a comienzos del siglo XIV alrededor de un castillo del siglo IX.

7. Pražský hrad (o Castillo de Praga)

Es en la parte central del actual barrio de Hradčany donde se sitúa el Castillo de Praga. Su presente conjunto arquitectónico, en el que predominan las construcciones de estilos renacentista y neoclásico, es el resultado de una importante reconstrucción tras un incendio en el siglo XVI y de otra remodelación en el XVIII.

A pesar de ello, conserva templos, torres e inmuebles de cada una de sus variaciones históricas. Por ejemplo, el palacio románico sobre el que se erigió el Královský palác (o Palacio real), donde a día de hoy se encuentra la residencia del Presidente de la República Checa.

Catedral de San Vito. Fotografía de Stanislav Ferzik

En el patio central del complejo se ubica la espléndida catedral de San Vito, que es un magnífico ejemplo del gótico pero cuenta con vidrieras contemporáneas (entre las que destacan las realizadas por el ya citado artista modernista Alfons Mucha).

Vidriera de Alfons Mucha en la Catedral de San Vito.

Otros puntos de interés en Pražský hrad son el otrora Convento de San Jorge, que desde el siglo pasado alberga una colección pictórica; o las singulares casitas de orfebres de Zlatá ulička (o Callejón del Oro), donde viviera el escritor Franz Kafka, que ahora son tiendas, librerías y museo.

Panorámica de Malá Strana desde Hradčany.

Y es en el castillo donde termina el Camino Real, y donde uno por fin puede parar a descansar los pies, doloridos tras pisar tanto adoquín, contemplando las espectaculares panorámicas que ofrece su envidiable emplazamiento, una colina sobre el Vltava donde se originó la historia de la actual Praga.

BREVES APUNTES SOBRE OTROS LUGARES DE INTERÉS

En función del clima que acompañe, de las ganas por adentrarse en los sitios ya descritos y/o de las prisas o de la calma con la que cuente cada visitante, esta ruta indispensable puede realizarse en una mañana o una tarde, pero también en un día entero e incluso en dos días. Si se recorre rápido, o si la estancia se prolonga, hay otra serie de sitios dignos de ser conocidos.

Sala Teológica del Monasterio Strahov. Fotografía de Jorge Royan

Como ejemplos, el Strahovský klášter (o Monasterio Strahov), cuya biblioteca tiene más de 800 años, o el santuario mariano de El Loreto, que contiene la mayor réplica en toda Bohemia de la Santa Casa; ambos en Hradčany, muy cerca del Castillo.

Jardines del palacio Wallenstein. Fotografía de Jorge Franganillo

Asimismo, diversos bellos palacios con sus correspondientes jardines, como los del enorme y barroco palacio Wallenstein (actual sede del Senado), en Malá Strana, o los geométricos del palacio Troja, que en este caso están fuera del distrito de Praha 1; lo que no resulta un problema por la extensa y bien distribuida red de tranvías de la ciudad (por cierto, no es recomendable el uso de taxis en Praga, por la habilidad de sus conductores para timar incluso a residentes).

Palacio Troja.

Sin olvidar uno de sus edificios modernos más emblemáticos, Tančící dům (o Casa danzante), construido en los años 90 por los arquitectos Vlado Milunić y Frank Gehry; quien originalmente lo llamó Fred and Ginger (en honor a Astaire y Rogers), al estar su diseño inspirado por una pareja de bailarines.

Tančící dům. Fotografía de Andrés Nieto Porras

Pero por delante de todos ellos, una buena incursión en la capital checa pasaría por conocer los siguientes cuatro lugares de interés:

Parque Petřín

El pulmón de Praga se encuentra en el Monte Petřín, una elevación de 140 metros de altitud sobre el barrio de Malá Strana.

Monte Petřín, con Malá Strana a sus pies y Hradčany al fondo.

Es ideal para dar plácidos paseos entre árboles centenarios (en otoño resulta memorable) o para disfrutar de sus variados jardines y vergeles.

Vista de la Ciudad Vieja desde el Parque Petřín. Fotografía de R Boed

En el Parque Petřín además se hallan unas murallas medievales, un observatorio, una galería de arte, un pequeño lago y un funicular que lleva hasta sus dos atracciones más conocidas, ambas contruidas con motivo de la Exposición Jubilar de 1891: el laberinto de espejos deformantes, de los más bellos; y Petřínská rozhledna (o Mirador de Petřín).

Mirador de Petřín.

El Mirador de Petřín es una torre octogonal de hierro fundido de 63 metros. De lejos recuerda un poco a la Torre Eiffel; desde arriba se ve toda la ciudad.

Josefov, el barrio judío

El Barrio Judío se llamó Josefov en honor del emperador del Sacro Imperio Romano Germánico Josef II, por ser bajo su mandato cuando se suavizaron notablemente las discriminaciones que sufrían los judíos de la ciudad.

Sinagoga española. Fotografía de Xosema

Está repleto de templos, no sólo judios, pero son sus sinagogas las que atraen principalmente la curiosidad de los visitantes, singularmente la Španělská Synagoga (o Sinagoga española), cuya arquitectura imita al estilo morisco de construcciones como la Alhambra; y la Sinagoga Staronová, que es la más antigua de Europa.

«El rabino Löw revive al Golem», de Mikoláš Aleš.

Ligada a ésta última está la leyenda del Golem, una figura humana creada de arcilla a la que primero dio vida y luego se la quitó el rabino Löw, un sabio del siglo XVI al que se le atribuían poderes mágicos.

Antiguo cementerio judío de Praga. Fotografía de Jorge Royan

No obstante, si hay un verdadero reclamo turístico, ese es el sobrecogedor Starý židovský hřbitov (o Antiguo cementerio judío), en cuyos pocos metros cuadrados hay más de 10.000 lápidas apiñadas y una estimación de 100.000 personas enterradas. La tumba más antigua data de 1439, y la más fotografiada es precisamente la del rabino Löw. El cementerio cuenta con dos sinagogas más y con un pequeño museo del holocausto.

Tumba del rabino Löw, en el Antiguo cementerio judío de Praga. Fotografía de MKPiekarska

Otros atractivos del Josefov son el Uměleckoprůmyslové museum v Praze (o Museo de Artes Aplicadas de Praga), del que destaca su colección de cristal de Bohemia; el que fuera Convento de Santa Inés, también utilizado por la Galería Nacional para exhibir sus colecciones (al igual que el de San Jorge en Hradčany); o las Kubistické domy (o Casas cubistas), cuyo estilo arquitectónico cuenta con pocos ejemplos en el continente.

Rudolfinum. Fotografía de Álvaro Horcajuelo.

Y por último, junto al río, el Rudolfinum, un impresionante auditorio de finales del siglo XIX, de estilo neorrenacentista, bello por dentro y por fuera, que es sede de la Orquesta Filarmónica Checa.

Vyšehrad

La fortaleza amurallada de Vyšehrad está situada en un hermoso paraje; un promontorio arbolado con una gran extensión de zonas verdes. La roca forma un acantilado sobre el Vltava; en el que se conservan ruinas de una atalaya medieval (que reciben el nombre de Los Baños de Libuše) y desde el que se divisan excelentes vistas del Monte Petřín y del castillo.

Torres de la basílica de San Pedro y San Pablo.

Son muy reconocibles las torres gemelas de la neogótica Bazilika Svatého Petra a Pavla (o basílica de San Pedro y San Pablo), que domina el lugar.

Iglesia románica de San Martín, en Vyšehrad.

Cuenta la mitología eslava que en Vyšehrad residió la princesa Libuše, una hechicera que arrojaba a sus amantes al río, a quien se atribuye la visión de una Praga esplendorosa.

Réplica de la estatua «Přemysl a Libuše», de Josef Václav Myslbek.

Jefa de una tribu cuyos vasallos estaban cansados de ser dirigidos por mujeres, Libuše convirtió en su consorte a un labrador, Přemysl, con el que inició la primera de las tres grandes dinastías que han gobernado la ciudad: los Přemyslitas; considerados los fundadores del reino de Bohemia.

Cementerio de Vyšehrad.

He ahí que Vyšehrad cobrara relevancia para los nacionalistas checos, que lo vieron como el lugar ideal para la creación del bello cementerio panteón, merecedor de ser paseado, en el que están enterrados algunos checos muy ilustres, como Alfons Mucha, Antonín Dvořák o Bedřich Smetana.

Václavské náměstí (o Plaza de Wenceslao)

A pesar de su origen medieval, la mayoría de las actuales edificaciones de la Plaza de Wenceslao tienen poco más de cien años. Su forma alargada se corresponde con el antiguo trazado de la gran plaza del mercado de caballos.

Václavské náměstí.

Se ubica en Nové Město (o Ciudad Nueva), que, aunque pueda llevar a engaño su nombre, fue una ciudad fundada por Karel IV en 1348; la cual durante siglos fue habitada por comerciantes y artesanos, por ejemplo cerveceros.

Estatua de San Wenceslao con el Museo Nacional al fondo. Fotografía de Álvaro Horcajuelo.

Más recientemente, la plaza fue testigo del inicio de la Revolución de Terciopelo, que a la postre acabó con el comunismo en la antigua República Checoslovaca. Hoy en día, Václavské náměstí, con su casi completa dedicación al sector servicios, se ha convertido en un símbolo de la era consumista que llegó de la mano de la nueva y aún joven República Checa.

Sv. Václav, patrón de las tierras checas.

Destacan, en su parte alta, una gran estatua ecuestre en honor del patrón de las tierras checas, sv. Václav (o San Venceslao); y a su espalda, el soberbio edificio neorrenacentista que alberga el Národní muzeum (o Museo Nacional) y sus colecciones de, entre otras disciplinas, arqueología o antropología.

Edificio principal del Museo Nacional.

Éste tiene dos partes, la histórica, un precioso edificio con impresionante decoración interior; y la que se construyó en los años 70, que es fea y funcional, al más puro estilo arquitectónico de época comunista.


*Artículos destacados de Luna Azul.


LOS PRINCIPALES TEATROS DE PRAGA

Praga siempre ha destacado por su impronta artística, y concretamente el teatro ha cumplido una función importante en el desarrollo cultural de la ciudad. Son numerosos los lugares donde poder disfrutarlo, no obstante, son destacables tres de sus teatros, además de un género milenario del que los praguenses han sabido apropiarse:

Národní Divadlo (o Teatro Nacional)

El principal local de Praga para la representación teatral, de ballet y de ópera es el Teatro Nacional. Se encuentra en la Ciudad Nueva y desde sus inmediaciones, al estar situado junto al río, una vez más hay unas vistas muy bonitas, en este caso, del Puente de Carlos y del castillo.

Teatro Nacional, junto al Vltava.

Su edificio original, al igual que el Museo Nacional o el Rudolfinum, forma parte del conjunto de obras que se llevaron a cabo en la segunda mitad del siglo XIX con la intención de afianzar el sentimiento nacionalista checo; de hecho, todos los espectáculos son traducidos a su idioma.

Fachada principal del Teatro Nacional. Fotografía de Álvaro Horcajuelo.

Es de estilo neorrenacentista y es precioso por fuera (también por su iluminación nocturna), pero sobre todo por dentro; a su lujosa decoración contribuyeron los más importantes artistas checos del momento.

Delante, el edificio original del Teatro Nacional; detrás, el Nuevo Escenario. Fotografía de Che

En su centenario se adosaron modernas construcciones de cristal que albergan el Nuevo Escenario; en el que se instaló la compañía Laterna Magika, pionera en el teatro multimedia, que lleva más de 60 años aunando danza, teatro y cine.

Stavovské divadlo (o Teatro Estatal)

El Teatro Estatal, una bella construcción de estilo neoclásico, es el más relevante de los escenarios de la Ciudad Vieja. Por allí han pasado algunos de los más reputados creadores, compositores y directores.

Teatro Estatal. Fotografía de Stanislav Dusík

En 1787, sólo cuatro años después de ser inaugurado, fue el lugar elegido por Wolfgang Amadeus Mozart (quien siempre gozó de muy buena acogida en Praga) y por Lorenzo Da Ponte para el estreno mundial de su ópera «Don Giovanni«. De hecho, el músico compuso la apertura de esa ópera (sólo unas horas antes del estreno) en la villa del también compositor František Xaver Dušek, reconvertida con el tiempo en el actual Museo Mozart.

Palcos del Teatro Estatal. Fotografía de Palickap

También se estrenó en el Teatro Estatal, en 1834, la comedia «Fidlovačka aneb žádný hněv a žádná rvačka» (o «Fidlovačka, o sin ira y sin lucha»), de František Škroup y Josef Kajetán Tyl. Una de sus canciones, «Kde domov můj?« (o «¿Dónde está mi casa?»), se acabaría adoptando en 1919 como himno checoslovaco y posteriormente como himno nacional de la República Checa.

Státní opera (u Ópera Estatal)

Junto al Museo Nacional se emplaza la Ópera Estatal, todavía conocida por el primero de los nombres que ha tenido: Nuevo Teatro Alemán. Se llamó así por quienes lo construyeron, la amplia comunidad germana que habitaba la ciudad en tiempos del Imperio Austrohúngaro, y por representarse las obras en su idioma; al fin y al cabo, la llegada del Teatro Nacional, y al convertirse éste en sede de la nueva ópera nacional checa, les había creado la necesidad de tener un sitio propio para ello.

Ópera Estatal. Fotografía de Jorge Láscar

Por allí pasaron directores de la talla de Strauss o Mahler. Décadas más tarde, gracias a su gran y bello escenario de estilo neo-rococó, acogió grandes giras internacionales de ópera o danza, como las del Bolshoi. Del exterior destaca su fachada neoclásica, con columnas y un precioso friso en el frontón.

Černé divadlo (o Teatro Negro)

No se trata de un lugar, si no de la adaptación moderna de un género teatral originario de la antigua China, que se puede admirar en muchos espacios de la ciudad (y del mundo, aunque en las últimas décadas ha cobrado mucha relevancia en la capital bohemia).

El teatro negro es un tipo de producción teatral en que los actores van vestidos de negro y actúan sobre un fondo también negro, por lo que no son visibles para el público; a diferencia del atrezzo que utilizan, que es iluminado habitualmente por luz ultravioleta, provocando un efecto encantador.

OTROS MUSEOS Y GALERÍAS

A los mencionados anteriormente (Nacional, Artes Aplicadas, Cubismo y Mozart), además de las colecciones de la Galeria Nacional diseminadas por diferentes rincones de la ciudad (como los citados Conventos de Santa Inés y de San Jorge), habría que añadir otros museos y galerías relevantes, para aquellos visitantes, amantes del arte, que decidan pasar en Praga entre 4 y 7 días.

Museo Nacional de la Técnica. Fotografía de Adam Zivner

Por ejemplo, los respectivos dedicados a los músicos Dvořák y Smetana; también el Národní technické muzeum (o Museo Nacional de la Técnica), con su colección de máquinas, trenes, coches o aeroplanos de los últimos 150 años; así como el Muzeum hlavního města Prahy (o Museo de la ciudad capital de Praga), del que destaca una maqueta de 20m², a escala 1:500, que muestra cómo era la ciudad a principios del siglo XIX. Pero sobre todos ellos, los tres siguientes centros de arte:

Museo Mucha

El Museo Mucha, único en el mundo dedicado a la obra de Alfons Maria Mucha, es una coqueta galería sita en el barroco palacio Kaunický en Nové Město.

«Las horas del día», alegoría de Alfons Mucha (1899).

Expone pinturas, dibujos, litografías y carteles del genial artista modernista; del que ya hablara extensamente en el artículo «Alfons Mucha y sus modernistas alegorías y carteles publicitarios«, que lo describe así:

«(…) un artista gráfico y decorativo checo, muy reconocido en su época gracias a sus alegorías y a sus carteles publicitarios, que está considerado el máximo exponente de la pintura modernista; hasta tal punto que, en sus inicios, al Art Nouveau se lo denominaba Estilo Mucha«.

Palacio Sternberg

Localizado en Hradčany, el hermoso palacio Sternberg cuenta con un espléndido repertorio de viejas obras maestras europeas de la Galería Nacional.

«Cabeza de Cristo», de El Greco.

Entre ellas destacan pinturas de Durero, Rubens, Rembrandt, Tintoretto, Goya, y la única obra de El Greco que se exhibe en la República Checa.

Veletržní palác (o Palacio de Exposiciones)

El enorme edificio de estilo racionalista (el más grande del mundo en su momento) alberga la Sbirka Moderního a Soucasneho Umení (o Colección de Arte Moderno y Contemporáneo) de la Galería Nacional. Exhibe magníficas obras de artistas de la talla de Picasso, Renoir, Van Gogh, Klimt o Gauguin.

Veletržní palác. Fotografía de Packa

Muy cerca de allí, en el mismo barrio de Holešovice, se emplaza el más joven Centrum současného umění DOX (o Centro de Arte Contemporáneo DOX), del que he leído muy buenas referencias, pero no puedo recomendaros su visita porque aún no he tenido la fortuna de poder conocerlo.

EXCURSIONES DESDE PRAGA

Si sois de los que os gustaría conocer a fondo la ciudad, elegiréis pasar allí al menos una semana, lo que os permitiría compaginar su visita con alguna excursión fuera de Praga; para así saborear un poquito alguna otra parte de la República Checa. A continuación, cuatro destinos a una hora en coche más o menos de la capital donde poder pasar el día:

Kutná Hora

Al este de Praga se encuentra Kutná Hora; una antigua ciudad minera que durante la Edad Media, y gracias a la plata, fue el enclave más prospero de Bohemia.

Catedral de Kutná Hora. Fotografía de Pavel Podlinnov.

Por eso, a pesar de tener hoy poco más de 20.000 habitantes, cuenta con numerosos templos decorados con ostentación; entre los que destaca su catedral, la majestuosa Chrám svaté Barbory (o iglesia de Santa Bárbara), construida en un estilo gótico particular de la zona.

Osario de Sedlec. Fotografía de Davis Staedtler

Kutná Hora goza de muchos puntos de interés turístico. Dignos de mención serían dos de ellos: el České muzeum stříbra (o Museo checo de la plata), que incluye una visita a una mina medieval; y el Kostnice Sedlec (u Osario de Sedlec), situado en el sótano de la Kostel Všech svatých (o iglesia de Todos los Santos), donde todo está hecho o decorado con cientos de miles de huesos humanos.

Castillo de Karlštejn

A unos 40 minutos al sur de Praha se halla el castillo de Karlštejn, fundado por Karel IV y reconstruido en el siglo XIX; donde el citado emperador guardó las joyas de la Corona, que son parte del tesoro nacional checo.

Castillo de Karlštejn. Fotografía de Arzu Fernández Andrés.

Al acercarse poco a poco, subiendo una estirada cuesta desde el pueblo (bien nutrido de negocios hosteleros y de souvenirs), resulta impresionante su torre del Homenaje. Además, su bello entorno natural se antoja un marco ideal para esta fortaleza.

Castillo de Křivoklát

Aunque sus orígenes se remontan a los Přemyslitas, la parte más antigua conservada del castillo de Křivoklát data del siglo XV. Allí pasó parte de su infancia Karel IV, y posteriormente perteneció a los Habsburgo durante casi 200 años. Sin embargo, el castillo fue restaurado casi en su totalidad en el siglo XIX, al igual que Karlštejn, también por Josef Mocker.

Castillo de Křivoklát. Fotografía de Elena Pleskevich

Ambos castillos se pueden visitar en una sola jornada, de hecho, de esa manera lo ofrecen muchas agencias de viajes. No obstante, si sois amantes de la naturaleza, podéis hacerlo por separado y así perderos por la Reserva Natural que lo rodea, que incluye un hayedo.

Litoměřice

Por último, el destino menos turístico de entre las cuatro excursiones recomendadas. A orillas del río Labe (o Elba), a unos 70 km. al noroeste de la capital, se emplaza Litoměřice; cuyos orígenes son de los más antiguos de la actual Chequia.

Detalle de la Plaza de la Paz de Litoměřice. Fotografía de Arzu Fernández Andrés.

En su enorme Plaza de la Paz se pueden contemplar edificios de diferentes estilos, sobre todo gótico, pero también renacentista y barroco. Aunque lo más interesante del lugar es, probablemente, su tradición vinícola; por lo que hay muchas bodegas, algunas visitables.

Edificio renacentista en Litoměřice. Fotografía de Arzu Fernández Andrés.

Por cierto, para alquilar un coche os recomiendo que lo hagáis a través de Rent Plus Prague. Es céntrico y barato. y tened en cuenta que es recomendable alquilar antes de llegar a Praha, ya que luego suben bastante los precios.


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COMER, BEBER Y SALIR

Comer

En la gastronomía checa abundan el ajo y, sobre todo, la carne de cerdo (Vepřové maso en la carta); lamentablemente, Chequia no es aún un país muy apto para vegetarianos (sobre todo en verano). En general, sus platos son muy calóricos y algo pesados (posiblemente por su frío clima), entre los que abunda la fritura; eso sí, no resulta caro comer allí, ni siquiera en Praga, a pesar de ser tan turística, donde es típico recurrir a los puestos callejeros.

Bramborák. Fotografía de Benreis

Recomendaría probar Bramborák, que es una especie de tortilla circular salada a base de masa de patata, frita, que se puede comer sola, acompañada de una salsa o como envoltura de filetes de pollo o de chucrut y bacon.

Halušky. Fotografía de Pavel Liska.

También el Halušky (muy típico en la vecina Eslovaquia, pero también popular en la República Checa, especialmente en Moravia), que es una pasta a base de patata y harina que acostumbra a combinarse con bacon, repollo, cebolla frita y a veces queso de oveja.

Knedlíky. Fotografía de Dezidor

Casi cualquiera de los platos tradicionales suele ir acompañado de Knedlíky, unas rodajas, tiernas y esponjosas, a base de harina o patata, que llevan a cabo una función similar a la del pan a la hora de mojarse en las diferentes salsas.

Smažený sýr. Fotografía de Ben Sutherland

Para vegetarianos, una opción fácil de encontrar es Smažený sýr (o queso frito), que es, como su nombre indica, queso (habitualmente Edam) empanado y frito. Muy, muy, muy rico.

Špička, Laskonka y Větrník. Fotografía de Maciarka

Y para los que sientan pasión por los dulces, no cabe duda de que en Chequia la variedad es excelsa. Por citar tres muy típicos: Špička, con relleno de licor de huevo y cobertura de chocolate; Laskonka, con masa a base de claras de huevo y azucar y relleno de merengue; y Větrník, que son profiteroles con relleno y cobertura de caramelo.

Restaurante U Medvídků. Fotografía de Ondřej Kořínek

En cuanto a restaurantes, uno interesante para cenar es U Medvídků, que no por ser muy turístico es menos recomendable, ya que se come muy bien. Por ejemplo, para dos personas: Vepřové koleno (o rodilla de cerdo) y Pivní sýr (o queso de cerveza), que es una verdadera y original delicatessen praguense (que hay que untar en un pan, para tomarlo adecuadamente, sobre el que previamente se ha raspado abundantemente un diente de ajo).

Pivní sýr. Fotografía de Marian Ledesma.

Y después, a modo de postre, un digestivo en forma de chupito de Becherovka, que es un licor de hierbas originario de la ciudad termal de Karlovy Vary.

Becherovka. Fotografía de romana klee

Y hablando de beber…

Beber

La cerveza (pivo en checo), claro, es el producto estrella; no en vano los checos encabezan la lista mundial de consumo de cerveza por habitante. Hay miles de tipos y multitud de sitios (algunos muy turísticos) que hacen su propia cerveza; por ejemplo, el más famoso de todos: U Fleků.

Cervecería U Fleků. Fotografía de Patrick-Emil Zörner

Es la cervecería más antigua de la ciudad (y una de las más antiguas en activo de Europa, desde 1499) y por eso es cara; aunque tomar allí un par de cervezas (recomendable la negra, que resulta dulzona), sin cenar, es muy asumible para el bolsillo medio.

Interior de la cervecería U Fleků. Fotografía de Luis Villa del Campo

Eso sí, su ambiente y decoración, sus platos típicos y la música en vivo (folklórica, habitualmente interpretada por un acordeonista), reflejan de verdad cómo era la tradicional hospoda. Está muy cerca del Teatro Nacional, en la Ciudad Nueva, así que se puede dar por ahí un paseo nocturno y matar dos pájaros de un tiro.

Kofola. Fotografía de Daniel Juřena

Una opción no alcoholica la encontramos en la Kofola, una bebida dulce con cafeína que mezcla frutas y extractos de hierbas. Fue creada en los años 50 por el científico Zdeněk Blažek, a quien el Estado encargó una alternativa a las marcas de refresco de cola «occidentales», prohibitivas en aquella época, utilizando ingredientes disponibles en Checoslovaquia.

Salir

Para salir Praga tiene una oferta muy variada. Si se busca un ambiente juvenil, muy cerca de U Fleků se halla Vinárna U Sudu. Es un pub curioso, con cuevas individuales aladrilladas muy del rollo malasañero, un poco laberíntico, con diversos ambientes, futbolines, djs…

Reduta Jazz Club. Fotografía de Gustavo J. Mata

Por otra parte, para un público más maduro, en los alrededores de la calle Národní trida hay numerosos clubes entre los que poder elegir lo que más interese; por ejemplo, si gusta la música en vivo, un sitio estupendo es el Reduta Jazz Club, en el que cada noche hay concierto, habitualmente de autóctonos.

Popocafépetl. Fotografía de elPadawan

Y si sólo es para tomar café, en cualquiera de los Popocafépetl que hay por la ciudad. El que mejor venga porque pille de paso, pues cada uno es diferente, pero todos son muy agradables; en alguno de ellos, incluso, también ofrecen actuaciones en directo, jam sessions, cantautores…

Green Tomato. Fotografía de Tjflex2

O en el restaurante italiano Green Tomato, en las cercanías del Museo Mucha, que es también grato por su decoración y su ambiente, a veces con alguna persona tocando espontáneamente el piano; en el que, por cierto, también se come muy bien y no es caro.

CONCLUSIÓN

Si habéis leído hasta el final, a pesar de lo extenso y denso que ha quedado el artículo, puedo concluir que me queréis mucho o que, tal vez, estáis como locos por conocer Praga; así que, además de daros las gracias e invitaros a dejar un comentario más abajo, sólo me queda desear que podáis ir pronto y que disfrutéis al máximo de la bellísima ciudad de las cien torres.


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6 comentarios en «Praga, la bohemia ciudad de las cien torres»

  1. Gracias por este artículo, aunque estuve varias veces en Praha, hay muchas cosas que no sabía. Muy recomendable!

  2. Muchas gracias Arzu, un par de sitios el del barco: Pivolod
    y el de la esplanada de la biblioteca agustina de Strahov (San Norberto)

  3. Añadir que junto a la sala de jazz REDUTA otra típica (tambien por el centro cerca del reloj de Praga) el Club de jazz AGHARTA. Otro cásico que se complementa con el Reduta.

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